La capacidad de autodepuración del medio natural ha sido superada por la gran cantidad de vertidos de aguas residuales que genera la actividad humana. Por tanto, para mantener el equilibrio ecológico es necesario la depuración de estas aguas residuales, como paso previo al vertido a mares, ríos, lagos o cualquier otra masa de agua.

La depuración consiste en tratar las aguas residuales por medio de procedimientos físicos, químicos o biológicos, con el fin de que se asemejen lo máximo posible, en sus características físicas y químicas, a las aguas que tiene el cauce donde han de ser vertidas antes de cualquier intervención humana.